32 años…

P1130322En mi cumpleaños número 32 en medio de una gran sed de paz, silencio, y de encuentro conmigo y con Dios, decidí vivir este día de una manera diferente, un poco mas sencilla, simple, y sincera. Sin aquel muro lleno de mensajes, deseos y felicitaciones, falsas en su mayoría, solo porque una red social se encargó de recordar para muchos esa fecha, porque como me decía alguien “el Facebook recuerda las fechas que no nos importan”. Pocos mensajes de buenos deseos, pero venidos de los mas cercanos, y que me aman de verdad, que les importa mi vida, o que significo algo para ellos.

Entonces viajé a Sligo, una ciudad a 3 horas de Dublín, y pasé el día frente a la playa Streedagh donde se filmó la película Calvary. Contemplando el mar y meditando. Viendo el mar, con ojos de niña, agradecía por 32 años de vida, 32 años llenos de momentos únicos e irrepetibles, 32 años en que como ese mar nunca se repitió una ola, y donde nadie fue capaz de retener alguna de ellas, por muchas fotos que les tomé, esas olas siguieron su movimiento natural, de acariciar la arena suavemente y regresa a la inmensidad del mar.

Escribía el número 32 en la arena, con la intención de tomar una de esas típicas fotos, y en ese instante una ola borró lo que había escrito, fue extraordinario poder entender que esos 32 años pasaron como esa ola que pasó y borró el número antes de tomar la foto, como evitando que yo quisiera eternizar ese momento, queriendo que se quedase solo en mi mente y mi corazón.

32 años de olas han pasado, de días ninguno igual al anterior, pero las olas siguen moviéndose, el mar nunca se queda estancado, es lo que le hace ser lo que es. La vida es igual movimiento contante, personas que vienen y se van.

¿Pero qué hace que la vida siempre se mueva?

El Amor, podría decir que el amor es el motor de la vida, y cuando amas sin condiciones, sin esperar nada a cambio, es cuando experimentas pinceladas de felicidad. Cuando sufres, es porque dejas de amar y empiezas a querer poseer; cuando llores de verdad por la persona que se va, y no por todo lo que esa persona te proporcionaba y que ahora has perdido, entonces es cuando en verdad estas amando.

Cuando quieres retener, no estas amando solo quieres poseer, como si fuese un objeto de tu propiedad. Hace unos días, estaba en Kings Inn viendo un grupo de abogados recién graduados salían del acto y afuera del edificio se tomaban fotos con sus togas, birretes, el título en la mano, con la familia, amigos, y de repente noté que algunos estaban agitados, en el estrés de la celebración pero que al posar para las fotos, una sonrisa siempre estaba en sus caras pero luego desaparecía con mucha rapidez. Creemos que las cámaras son capaces de eternizar la felicidad que sentimos en esos momentos que alcanzamos una meta, o por fin logramos ir a aquel destino que siempre quisimos. Pero ese momento es una ola, que ya pasó y hay olas nuevas cada día, y muchas veces yo me encuentro queriendo retener la felicidad que ya pasó, mirando una foto de la persona que se fue, y que me hizo muy feliz pero que ya no está; y distraída me pierdo de las nuevas olas que están acariciando mi arena, mi vida hoy.

Las olas no se pueden retener, descubro que la felicidad o esos momentos, personas, o situaciones que nos hacen felices, tampoco se pueden retener. Cuando queremos hacerlo, la felicidad se acaba, porque dejamos de contemplar y disfrutar su belleza, para preocuparnos por eternizarla de alguna manera, la sonrisa deja de ser espontanea y se vuelve fingida para la foto.

En la playa, tomé muchas fotos pero estaba yo sola, y de repente quería una foto mía, pero no tenía quien la tomara. También noté que habían muchos detalles en ese lugar que merecían una foto pero no lograba tomárselas, los distintos tonos de azules y verdes, y el transparente del agua, no lograba salir en mis fotos tal como los veía; en el video que hice no lograban escucharse el sonido de las olas y del viento como yo lo escuchaba, entonces entendí que ese día era solo para mi, todos esos detalles eran solo para mi, no tenía caso intentar eternizarlos, eran para grabarse en mi corazón y para disfrutarlos. Poder ver con ojos de niña, y ver a una mamá joven pasar con su niño caminando a la orilla de la playa, tomándolo de la mano, y ver ahí a un Dios que estaba diciéndome que él me llevaba de la misma manera, tomada de la mano durante cada día de estos 32 años, y que no me soltaba, ni pretende hacerlo.

Finalmente, guardé cámara y celular y me senté en una piedra a contemplar, disfrutar del regalo que Dios y la vida me estaban dando, y solo escribía todo lo que iba descubriendo y escuchando en el corazón. Finalmente solo me quedaba con una invitación:

No dejes de moverte, no permitas que el motor de tu vida se apague. Dios es el combustible de ese motor es quien lo alimenta. Me quedaba con el reto de ser feliz, y luchar por ello. De hacer feliz a la lorena de hoy, y dejar de llorar con la de ayer o de preocuparme con la lorena de mañana, apostando por lo que me mueve por dentro. Dios me decía que solo los decididos son felices, entonces decídete a apostar por ti, que el amor sea la intención primera de todo lo que te propongas.

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