La luz brilla en la tiniebla, y la tiniebla no la recibió

A pocas horas de terminar el año, luchando por hacer un balance justo de lo que ha sido este tiempo, me encuentro con este evangelio del día de hoy Juan 1,1 con el cual la liturgia nos invita a celebrar la eucaristía de fin de año, pero más allá de eso, siento que podría ser una llamada a una nueva mirada, a ver nuestro pasado y lo que ha sido este año que acaba, pero desde una nueva luz.

En 365 días, existen días de luz, pero también días de tinieblas. Días en que desde el momento en que te levantas, ves motivos para agradecer a Dios y a la vida por estar vivo, respirando, sintiendo, amando, y despertando al lado de esa persona amada. Pero también días en que la soledad, nubla todo, y es tanta la tiniebla que no permite ver esos motivos para agradecer, mucho menos motivos para vivir.

luz

Creo que al mirar este 2014 desde la luz de la palabra, descubro que aunque como siempre aquella mi mirada pesimista me dice que al parecer le quedo debiendo mucho a este año: energías malgastadas, esfuerzos guardados, tiempo perdido en actividades innecesarias, recursos despilfarrados, planes tirados a la basura, y muchos “si” que deberían haber sido “no”, otros “tal vez” que no debí decir, y que hubieran evitado tantos disgustos. A su vez el mirar este año con la luz, si esa LUZ capaz de brillar en medio de mis tinieblas, esa luz me deja ver que fueron muchos días en los que simplemente preferí abrirle la puerta a las tinieblas y no a la luz, muchas veces, me cerré a recibirle, y permití el quedarme presa de la tristeza, de las dudas, de los miedos, de la soledad, de los rencores, de las falsas expectativas, del inmediatismo, y aunque el vivir siempre el hoy es una filosofía que me esfuerzo por practicar, parece que está comenzando a robarme los 31 de diciembre de cada año, pues muchas veces ese deseo de vivir el presente, se convierte en dejar lo importante por lo más urgente, en no pensar en mañana o vivir improvisando día a día.

Lo importante, nunca pierde importancia; aunque todo terminé bien al final del día, al final de cada año lo importante, eso que está allí reclamando espacio en tu corazón, en tu vida, lo más importante es eso que es invisible a los ojos, nunca deja de ser importante; y pesa cuando al finalizar cada año te das cuenta que pudiste dedicarle mas tiempo, energías, amor, creatividad, desvelos, cansancios.

Al finalizar este año, ciertamente agradezco a Dios muchísimas cosas y personas que tuve la dicha de vivir y conocer, pero también siento mucha necesidad de pedir perdón, a Dios y a mi misma, por dejar de lado lo importante por lo urgente, y suele suceder que lo urgente nunca era mio, pero lo importante si. Pasar el año dejándose de lado, dejando de lado lo que amas, lo que anhelas, lo que te apasiona, tus sueños, tus planes, aquellas películas que querías ver, aquel país que quería visitar, aquella persona que amas y te enseñó tanto pero que la vida te obligó a decirle adiós, al final del año, el corazón reclama, y te pregunta, ¿qué hiciste por mi, qué hiciste de todo lo que yo quería?

El próximo año se pinta lleno de mucha novedad, así como se pintaba el 2013, han pasado 2 años y las expectativas con los resultados, están medio parejos, no son exactamente lo que esperaba, mas en otros aspectos, hubieron resultados muy alentadores. Creo que si de aprender de la experiencia se trata, tal vez lo mejor es no hacerse falsas expectativas, poner los planes y sueños en manos de Dios, y hacer mi parte lo mejor posible. Dejar de decir SI cuando en realidad quiera decir NO, eso podría regalarme un balance de fin de año, sin tantos arrepentimientos, sin tantos sabores agridulces.

Poder ser coherente con lo que siente tu corazón, y dejar que tenga voz este año. Abrirle la puerta a la LUZ para que sea capaz de iluminar con una nueva mirada cada día de tiniebla, y sacarme de ella. Permitirle a esa luz entrar y brillar, será el reto del nuevo año que comienza. Para que pueda entrar es necesario abrirle la puerta sin ningún tipo de vergüenza pues por mucha oscuridad que encuentre podrá iluminarla, y  para que brille es necesario alimentarla, así como aquellas lámparas que las novias de la parábola debían llenar de aceite para que su luz no se apague (Mateo 25) .

Ese aceite, es la oración, y esa luz es la palabra de Dios. Simplemente les deseo que este año nuevo podamos volver a lo esencial, a aquella oración sincera y profunda capaz que ser aceite que mantenga esa luz encendida en nuestros corazones; y que esa luz pueda brillar para cada uno de quienes te rodean.

2 pensamientos en “La luz brilla en la tiniebla, y la tiniebla no la recibió

  1. Leer tus escritos es todo un placer Lore. Dios bendiga tu sensibilidad pero sobre todo la habilidad de transmitir en el papel lo que tu corazón vive. Gracias mil por iluminar mi vida. Maru

    • Maru que lindo, y cuanto me alegra poder transmitir la alegría de lo que voy descubriendo de parte de Dios. Un abrazote. Tengo que retomar la oración, porque es una responsabilidad, que lo que recibo no es solo para mi!

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