Archivo de etiquetas| cambios

Miedo al cambio

Desde que llegué a este país me he mudado ya seis veces en solo tres meses, algunos lo critican, pero citando al brasileño Chico Buarque, creo que es verdad “As pessoas têm medo das mudanças. Eu tenho medo que as coisas nunca mudem”

Siempre me he considerado una cobarde para todo, desde niña ni siquiera era capaz de salir del dentista sin hacer una escena y terminar con los ojos hinchados de tanto llorar. Ahora ya adulta creo que mis mayores miedos se resumen en la palabra “cambio”, es paradójico los cambios me gustan, me emocionan, pero a la vez me dan miedo.

Encontré trabajo en este país como niñera, cuido tres niños, y vivo con la familia , tienen una casa grande, bonita, muy espaciosa, ubicada en una de las áreas más bonitas de esta ciudad que se llama Howth y lo que más me cautivó cuando llegué no fue la gran cama, o el inmenso closet, ni el televisor o el DVD, sino el precioso paisaje que pude contemplar desde mi ventana. La casa está ubicada en una colina y desde aquí puedo ver el mar en toda su inmensidad, es impresionante. Al ver ese mar infinito, altanero, como retándome a ser como él sin miedo a nada, era a su vez una confirmación de la presencia de ese Dios que me sigue llevando de la mano en medio de todos estos cambios, especialmente este, pues vivir sola con una familia que apenas estoy conociendo y que solo hablan inglés, cuidar tres niños cuando nunca en la vida fui niñera; no es nada fácil. P1090421

Muchas veces tenemos miedo a los cambios y por miedo somos capaces de dejar pasar las mejores oportunidades que la vida nos presenta, y por lo tanto, no desarrollamos esos talentos que están allí esperando el momento indicado para florecer. Y ahora creo que Dios le da miedo que las cosas nunca cambien, porque significa que no crecemos, no evolucionamos.

Los cambios son necesarios en la vida, muchos de ellos son inevitables y por eso creo que Dios nos regala tanta oportunidades para entrenarnos en este aspecto, y aprender a ver siempre lo bueno de cada cambio. Hay personas con las que ni siquiera somos capaces de imaginar que dejaremos de vivir, que siempre estarán allí para apoyarnos, amarnos, y acompañarnos; pero el día menos pensado esa persona muere, el cambio es inminente y por más que uno se niegue a aceptarlo, el tiempo te convence y el día a día te obliga a crecer y madurar sin esa persona a tu lado, pero con todo lo que ella te enseñó en el fondo del corazón. Después de nueve años viviendo sin una de las personas más importante de mi vida, es que soy capaz de ver los buenos frutos que trajo su ausencia, pero esto no quiere decir que no ame a esta persona o que no la extrañe todavía.

El paisaje en mi ventana es hermoso, es una de las ventajas de mi reciente mudanza, sumado a lo mucho que se que voy aprender aquí, solo en tres días, ya empiezo a ver frutos: el instinto maternal que creía no tener empieza a florecer, las niñas no dejan de enseñarme cada día nuevas palabras, y los padres son muy buenas personas conmigo.

Pero por el contrario, está el otro escenario, resulta que mi ventana tiene una vidrio quebrado, es decir, hay una parte de ese bello paisaje que no se ve bien, y por el inclemente frío esa ventana nunca se abre. Podría quejarme de eso y perderme de contemplar cada mañana los rayos del sol sobre la playa, y los barcos navegando, y la isla que se ve a lo lejos, podría quejarme de lo insípida que es la comida, por lo mal que se portan las niñas, o porque a veces no le entiendo ni papa al papá de los niños. Y dejar pasar que gracias a este trabajo tengo comida gratis y techo, que las niñas me están entrenando para ser la mejor mamá con mis futuros hijos, y que si termino entendiendo lo que me dice el papá podré entenderle a cualquiera.

Creo que el secreto de sacarle provecho a los cambios, es el cristal desde donde se mire, aunque el cristal o la ventana esté rota, el paisaje sigue allí frente a mi, para que lo contemple y aunque no lo vea, seguirá allí. Por mas que te niegues a aceptar ese cambio, la oportunidad para crecer está allí.

“Padre, ya que me los has dado, quiero que estén conmigo donde yo estoy y que contemplen la Gloria que tú ya me das” (Juan 17,24)

Por muy lejos que esté ahora, la certeza sigue viva, y el deseo de Jesús se está cumpliendo: estoy con él y ahora estoy contemplando la Gloria que el Padre le da, esa gloria que me muestra en la belleza de la creación, en la sonrisa y cariño de los niños, en la confianza que sus papás están depositando en mi, en cada detalle de atención que tienen conmigo está familia que me ha acogido en su casa y quieren que sienta como que estoy en mi casa.

“El Señor es la herencia que me toca y mi buena suerte: ¡guárdame mi parte!” (Salmo 16,6)

Las mudanzas también me están entrenando en la libertad de las cosas, cada vez voy aprendiendo a hacer la maleta cada vez más pequeña, a soltar cosas innecesarias y a vivir con lo esencial, sin perder de vista que lo esencial para vivir siempre anda conmigo. Jesús quiere ser esa herencia que me toque, porque solo tengo mi ropa y mis cosas que ni siquiera son capaces de ocupar todo el inmenso closet que me dieron, pero aunque parezca que no tengo nada, tengo la mejor y mas valiosa herencia, la vida de Dios en mi, que por más que intente ignorarla, o sacarla de mi, nunca se va, ni cambia.

Podemos aprender a aprovechar los cambios en la vida, para constatar que nuestra herencia, y lo esencial sigue siendo Dios, por mas que nos movamos EL nunca se  mueve, su amor por mi nunca cambia. Como dice Teresita:

Nada te turbe,
nada te espante,
todo se pasa,
Dios no se muda,
la paciencia
todo lo alcanza.
Quien a Dios tiene
nada le falta.
¡ Sólo Dios basta !